Venga, por si algun@ tenéis problemas para conciliar el sueño

EL SOPLAO 2010

8:00 AM SALIDA Km 0

Montonazo de gente, bastantes conocidos como Bruno (Yorlin), Rey Carlos, Robaguilera, Popuser, Lala… tiempo espléndido, chupinazo y ¡a subir! María y yo empezamos nuestra aventura dispuestos sobre todo a pasarlo bien y a comprobar si nuestras recientes dolencias nos van a dar la lata o no.
Caviedes Km 23
Hasta aquí todo genial, nos encontramos bien de la pierna (ella) y del hombro (yo). El ritmo lo va marcando María y se la ve muy suelta pero sin forzar la máquina, que quedan un montón de kilómetros. Bebemos y cargamos agua en el avituallamiento sin parar más de 2’.
Subiendo al Soplao Km 27
Hace un sol de justicia y el calor resulta especialmente agobiante por la humedad. Zonas de subida rotas donde es preferible echar pie a tierra para no castigar las piernas. María empieza a sentirse mal precisamente yendo a pie. Empezamos a perder minutos y minutos.
Subiendo al Soplao Km 30
Ahora el terreno ya es de asfalto pero María se encuentra fatal, por fin la convenzo para que se pare a la sombra y menos mal porque instantes después la dan todos los males: retortijones, flojera, la tiembla el pulso… pasa un buen rato hasta que empieza a recuperar la normalidad pero desde luego no es el día para intentar esto, el sol cada vez aprieta más y más. Van pasando rezagados de la ruta y –milagro- una chica con la que se conoce (Annabel) del foro y que está un poco harta de subir en solitario. El caso es que deciden unir sus destinos ciclistas y yo continúo mi camino.
Cumbre de El Soplao Km 33
La “operación remontada” empieza aquí y ahora para mi y no lo puede hacer peor: calculo que hemos perdido más de 1 hora sobre el ritmo que habíamos planificado para llegar ambos a meta justo antes del cierre así que o gano tiempo a cada kilómetro o me vuelven a cerrar el control en el km 133 como el año pasado (y entonces me tajo las venas allí mismo).
Más problemas: en el avituallamiento se han quedado sin comida, sus palabras textuales son “que ha pasado mucha gente”. En fin, tenemos un intercambio de pareceres y pienso que o me como a un organizador o mejor me largo. Esto se suma a que el desayuno de nuestra casa rural ha sido miserable como pocos en mi vida hotelera. Como tampoco soy un tío con muchas “reservas” me asusta el panorama hasta el km 66 donde está el siguiente avituallamiento
Puente Nansa km 44
He bajado el Soplao tan rápido como he podido, que los que me conocéis ya sabéis que eso no es mucho. Ahora empieza la subida al Monte AA, primero muy suave por carretera y luego empinada por pista. Encuentro a dos ciclistas de Cabezón que van marcando un ritmillo considerable y me junto con ellos para tirar y darnos relevos pero resulta que no están haciendo la prueba, les caigo bien y me dicen que yo a rueda que me llevan hasta las rampas más duras, así lo hacen durante bastantes kilómetros y ahí gano un buen tiempo pero ahora llegan los rampones y el calor es tremendo, voy bien de piernas pero la cabeza me va a estallar. Encuentro un pilón para las vacas y allí que me sumerjo a ver si bajamos la temperatura y no revienta el radiador. Me duelen las piernas y el culo, estoy deseando que empiece la bajada para ver si se pasa
Monte Aa km 52
Bajando me duelen mucho las manos de frenar y un poco el hombro lesionado, estoy deseando que acabe la bajada para ver si se pasa.
Los kilómetros que van del 60 al 66 donde me espera el avituallamiento se me hacen eternos y eso que es casi llano. Definitivamente me he quedado sin carburante y también sin agua. Cuando alguien me pasa intento pillar la rueda un rato y así mal que mal me planto delante de los bocadillos.
Casa del Monte km 66
Allí están nuestros amigos cántabros Cova, Ana y Berto que han venido desde Santander a darnos ánimos; apenas les saludo y les arranco de las manos las cervezas que se estaban tomando. Inmediatamente empiezo a trincar bocadillos que en número no inferior a 4 engullo como una boa y voy pasando a fuerza de Aquarius. Debo estar tan congestionado y rojo que Cova me ofrece crema solar, me embadurno y dispongo a partir (todo esto en 5’ como mucho) cuando llega por allí María que ha bajado en una furgoneta de la organización. Besos, ánimos, últimas voluntades y a subir el Moral con entusiasmo que el año pasado no me costó ningún esfuerzo
Subida al Moral km 66 al 78
Señoras, señores: con ustedes la madre de todas las petadas. Aquello parecía un ajuste de cuentas de la mafia: cuerpos inertes tirados por las dos cunetas descomponiéndose al sol porque las poquísimas sombras que había estaban colapsadas, un montón de compañeros dándose la vuelta y dando también por terminada la aventura. Yo me encuentro mal pero según va pasando el tiempo… me encuentro peor y cuando creo que la cosa no puede empeorar me doy cuenta de lo equivocado que estoy. No sé la temperatura que podía haber allí a esa hora, alguien comentó que 35º. Sospecho que además del calor, comer tanto de golpe y tan deprisa me está sentando como un tiro, tengo un flato que asusta. A la desesperada no me queda otra que emplear la táctica Quartza así que me bajo de la bici y empiezo a caminar lentamente, lo que os aseguro que no fue nada fácil a pesar de que la pendiente no era pronunciada. Pensamientos negativos: “¡joder! ¡estoy volviendo a perder todo lo que había recuperado!” Pensamientos positivos: “bueno, estoy pasando a un montón de gente (los de la cuneta) y a mí me pasan pocos”.
Me acuerdo de lo que sufrió en esa subida Iñaki el año pasado y pienso en que si estuviera allí me animaría a seguir porque, “¿quién sabe? Igual uno después se recupera”. Creo que me subí la mitad del puerto andando y a partir de ese momento decidí no mirar la hora, seguir y que lo que tuviera que ser, fuera. Coroné y sin parar tiré para abajo hasta el avituallamiento que está al final de la bajada donde repuse líquidos y sólidos.
Bárcena Mayor km 92
Empieza la subida a Cruz de Fuentes, nada, 15 kilometrillos sin apenas descanso pero ya me encuentro mucho mejor. La temperatura ha empezado a descender y además esta subida se hace prácticamente a la sombra de un bosque precioso, creo que en su mayor parte se trata de un hayedo. Rampas suaves y otras que no lo son tanto. Voy metiendo plato mediano y poniéndome de pie sobre la bici para relajar un poco la popa. No me quiero cebar pero las sensaciones son cada vez mejores y cuando me quiero dar cuenta llevo ya la mitad de la subida. Paro un minuto para comer medio plátano, unas pasas y de nuevo para arriba hasta el final donde espera el repostaje.
Cruz de Fuentes km 108
Corono el puerto atacando pero no a los compañeros sino a las naranjas del avituallamiento, me zampo el otro medio plátano y algún dulce, bebo 1 litro de Aquarius y relleno cámel y bidón. Novedades: por primera vez desde las 10:00 tengo que bajar la cremallera del culote porque llevo 9 horas sin orinar y eso que he bebido como un cosaco en día de paga. Creo que he pasado unas horas ligeramente deshidratado. Vuelvo a mirar el reloj y hago mis cuentas, a este ritmo estoy seguro de que llego al control de cierre sin problemas. Unos estiramientos y a seguir. Ahora toca una bajadita corta antes de subir de nuevo.
Palombera km 113 y Venta Vieja km 120
Dos tachuelas de nada separadas por una bajada que se suben sin sentir y desde allí 13 kilómetros en su mayor parte de bajada hasta el control del 133, a donde hay que llegar antes de las 21:00h. Aunque sé que me sobra tiempo disfruto dando caña en la bajada donde –contra lo que es habitual- muy pocos me pasan
Arroyo Juzmeana km 133
Control, avituallamiento y comienzo de la última subida del día: el Moral por la cara donde lo bajamos antes. Me ha sobrado 1 hora y sigo encontrándome mejor a cada rato que pasa así que arranco la subida y voy dejando gente atrás salvo algún máquina que otro que hace lo propio conmigo.
El Moral km 142
Amigas y amigos, querido público… ¡no va más! A disfrutar de la última bajada. Hablo con Bruno por teléfono y me recuerda sus palabras en la Fuenfría el día de la Cercegovia Entreverediana, minutos antes de mi galletón en el hombro “ahora a bajar con cuidado para redondear este día tan estupendo”. Le hago caso –dentro de un orden- pero también suelto los frenos con precaución. A unos 8 km de la meta hago piña con 2 chicas que iban tan eufóricas como yo y nos vamos dando relevos hasta el final, gritando, haciendo que algún semáforo se ponga rojo por ir a más velocidad de la permitida y con una sonrisa de oreja a oreja. Cincuenta metros antes de meta un último susto: la combinación de un conductor bastante merluzo con las señales ambiguas del de protección civil casi dan con mis huesos en tierra. Como soy de natural pacífico me largo de allí con un simple manotazo en el cristal pero mis recientes amigas le dicen cuatro palabritas al dueño del coche.
Meta de Cabezón km 165
Son las 10 de la noche y ahí estoy cruzando la meta entre los ánimos de unos cuantos amigos y amigas y de un montón de gente que no me conoce de nada. Junto a sus voces escucho las de Rosa, Jose, Gaby, Josean, César, Manolo, Alberto, Javi (unos cuantos Javis), José, Álex, Axel, Pilar, José Carlos, Kantoso, Adriano, Toñi, Paula, Álvaro, Mariaje… como si también estuvieran allí. Me acuerdo del año pasado pasando bajo la pancarta con mis dos compañeros de fatigas Miguel Ángel e Iñaki aunque fuera de control, sé que Mig ya ha cruzado la meta con Juanjo y echo de menos a Iñaki que este año no ha podido acompañarnos por tener algo bastante mejor que hacer como es cuidar del pequeño Eneko. También me acuerdo de mi buena amiga y mejor fisioterapeuta Irene sin cuyos cuidados no hubiera recuperado mi hombro en tan poco tiempo y me hubiera perdido todo esto. Es el momento de olvidarse de plátanos, barritas y bebidas energéticas y comprobar cuántas cervezas te puedes tomar antes de caer dormido como un ceporro.
A eso de la una mientras vamos en coche de vuelta al hotel nos seguimos cruzando con ciclistas que aun bajan del Moral rumbo a meta. Viéndolos me da por pensar que en estas pruebas el mérito se mide leyendo al revés la clasificación, claro que soy parte interesada porque de ese modo tendría un auténtico puestazo.

Y el año que viene… tampoco vuelvo